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Clamor por Macri y el sutil aviso de divorcio a Milei


17 de mayo de 2026

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En un encuentro clave de la dirigencia provincial, los intendentes pidieron que el expresidente encabece la reconstrucción partidaria. El duro discurso de Fernando de Andreis desnudó el malestar por la falta de gestión libertaria y el impacto del ajuste en los sectores medios.

La tensión subterránea entre el PRO y La Libertad Avanza terminó de cristalizarse este fin de semana en la provincia de Buenos Aires. Lo que formalmente se convocó como una cumbre para ordenar la tropa bonaerense tras la fractura con el sector de Patricia Bullrich, se transformó en un doble mensaje político: por un lado, el lanzamiento del "operativo clamor" para que Mauricio Macri sea candidato; por el otro, una advertencia explícita a Javier Milei de que el apoyo ciego tiene un límite llamado "clase media".

El territorio bonaerense es el termómetro real de la política argentina y allí los intendentes del partido amarillo empiezan a sentir el calor del asfalto. Con los comercios de cercanía asfixiados por las tarifas, las PyMEs locales al borde del abismo y los trabajadores asalariados perdiendo sistemáticamente contra el costo de vida, la dirigencia territorial del PRO sabe que quedar pegados al "todo o nada" de Milei puede ser un pasaporte directo al abismo electoral.

El límite de la lealtad

El encargado de ponerle voz a la distancia estratégica fue Fernando de Andreis, uno de los poquísimos dirigentes que habla con el diario del lunes de Mauricio Macri bajo el brazo. "Nuestra lealtad no es con un gobierno, es con nuestros valores", disparó el exsecretario de Presidencia ante un auditorio colmado de legisladores e intendentes.

La frase, lejos de ser un slogan, funcionó como una delimitación de fronteras. En los pasillos de la cumbre, la rosca giró en torno a una preocupación compartida: el gobierno de Milei muestra graves problemas de gestión, confunde el superávit fiscal con la parálisis del Estado y desatiende el día a día de los sectores trabajadores que paradójicamente lo votaron para salir de la crisis. El PRO no quiere ser el fusible de un experimento macroeconómico que se desentienda del entramado social.

El repliegue de Macri

Ante este escenario de asfixia al consumo y licuación de los ingresos familiares, el clamor para que Macri asuma la centralidad electoral busca blindar la identidad del partido. Los jefes comunales bonaerenses necesitan un paraguas que los proteja de la voracidad de los hermanos Milei, quienes pretenden absorberlos sin darles voz ni voto en las decisiones estructurales del país.

Para la militancia del PRO, el expresidente representa el "cambio previsible", una alternativa institucional frente al estilo confrontativo y por momentos caótico de la Casa Rosada. En el entorno de Macri leen que el humor social de la clase media está mutando de la esperanza al desánimo, y que el partido debe estar listo para contener a ese electorado defraudado por los resultados de la motosierra.

Un matrimonio por conveniencia con fecha de vencimiento

La cumbre bonaerense dejó claro que la confluencia legislativa con el oficialismo es pura necesidad táctica, pero que el proyecto político va por carriles separados. Mientras el Palacio de Hacienda celebra la caída de la inflación en los gráficos de Excel, en las barrios de la provincia la realidad se mide en la caída de las ventas de alimentos y en la imposibilidad de pagar la prepaga o el colegio privado.

El PRO ha decidido que no pagará los costos de una recesión que destruye el empleo formal. Al marcar que los "valores" están por encima de la coyuntura de la Casa Rosada, el macrismo empezó a redactar la primera cláusula de su convenio de separación. La rosca de Buenos Aires ya se mueve pensando en el día después del ajuste.

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